Publicado el 23 de mayo de 2008 Columna de Jaime Silva
Hábitos Alimenticios y Desorden Afectivo Estacional Comúnmente las personas tienen cambios en sus estados de ánimo de acuerdo la estación del año en que se encuentran. Así, es frecuente sentirse energético y entusiasta durante los meses cálidos del año mientras que en los períodos más fríos experimentar a menudo desánimo y melancolía. Los estudiosos de los ritmos biológicos han explicado que este fenómeno deriva de cambios en la exposición a la luz (menor exposición a la luz en invierno), el cual modificaría el funcionamiento de nuestro “reloj biológico interno”. Aunque el mecanismo es intrincado y no del todo claro, básicamente puede decirse que la falta de exposición a la luz modifica algunos parámetros biológicos, especialmente la disponibilidad cerebral de la melatonina (hormona inductora del sueño) y la serotonina (neurotransmisor que en niveles moderados produce un efecto “tranquilizante”). Aunque la mayor parte de la población convive relativamente bien con ese fenómeno, un grupo no menor de personas desarrolla un verdadero desorden afectivo (trastorno depresivo mayor), principalmente en los meses de otoño e invierno. Ese síndrome ha sido llamado Desorden Afectivo Estacional (DAE), el cual afecta al 5-10% de la población, especialmente a las mujeres, observándose fundamentalmente en zonas donde los cambios estacionales son más acentuados. Los síntomas del DAE son múltiples y heterogéneos; Al trastorno anímico se suman principalmente la falta de energía (fatiga) y el aumento de consumo de alimentos hipercalóricos (con el consiguiente aumento de peso). Al menos tres tipos de tratamiento tienen resultados aceptables en este tipo de paciente: La terapia de luz, la farmacoterapia y la psicoterapia. Sin embargo, quisiera comentar en este apartado el interesante efecto de la alimentación en los trastornos estacionales. Una de las hipótesis del origen del DAE es la disminución exagerada de la serotonina. En este contexto, varios estudios han demostrado que el tipo de dieta puede influir en el DAE, pues algunas personas consumen niveles inadecuados de triptófano, un aminoácido esencial (o sea que sólo se obtiene a través de la alimentación) que es fundamental para la “producción” de serotonina. Por ejemplo, en un estudio controlado los pacientes con DAE, a diferencia de personas normales, aumentaron sus niveles de alerta y disminuyeron su sensación de fatiga después de comer una porción de alimentos ricos en triptófano. Así mismo, el aumento de consumo de alimentos hipercalóricos en pacientes con DAE se ha interpretado como una forma de “auto-medicación”, ya que generalmente dichos alimentos contienen altos niveles del aminoácido mencionado (un buen ejemplo de un alimento de este tipo es el chocolate). De esta manera existe una consciencia creciente respecto de la importancia de la dieta para prevenir alteraciones anímicas como el DAE, especialmente el consumo adecuado de triptófano el cual se encuentra presente en alimentos como la leche, el plátano, el maní, el pescado, por nombrar algunos. De este modo, la dieta balanceada y la consulta a especialistas de la nutrición puede tener efectos beneficiosos también para la salud mental.
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