Entrevista con la Dra. Antonieta Montecinos
Después del homenaje que le realizó el pasado 19 de noviembre de 2008, el Departamento de Pediatría y Cirugía Infantil en conjunto al Servicio de Pediatría del Hospital Hernán Henríquez Aravena, conversamos con la Dra. Antonieta Montecinos, facultativa señera de nuestra ciudad y quien posee un extenso currículo académico y profesional.

Amante del tenis y del fútbol, aficionada a la lectura y bordadora de cuadros, además de abuela fanática. Así se define hoy la Dra. Antonieta Montecinos, quien es casada con el otorrinolaringólogo Dr. José Gutiérrez, matrimonio que les dio dos hijos y hace poco tres nietos.
Ella estudió en el colegio Santa Cruz de Temuco, y posteriormente cursó la carrera de Medicina en la Universidad de Concepción donde se tituló en 1961. Médico, pediatra, neonatóloga, consultora de padres, asistente en las fases de duelo, entre otros cargos, títulos y grados ha tenido en esta larga carrera de 47 años que la distingue como una profesional rigurosa pero siempre atenta a las necesidades de sus pacientes y sus respectivas familias.
En la actualidad se desempeña durante 33 horas de trabajo semanal en el HHA. Sus seis horas diarias de labor se traducen en su llegada a las 7:40 de la mañana, ingreso a la UCI neonatal y revisión de todos los niños. Si hay padres visitando a sus hijos, conversa con ellos. Posteriormente, asiste a la entrega de turno, lo que dura hasta las 9:15. Sube a maternidad y pasa visita a los niños sanos para comprobar cómo están y ver si hay alguna patología. A las 11:30 se desarrollan reuniones o si no trabaja en el Programa de Escuela para Padres de Niños Prematuros Menores de 1.500 gramos.
“Estos padres, también tienen etapas de duelo, ya que el duelo no sólo es la pérdida física del niño, sino que también se da cuando el hijo que uno se imagina no es un niño normal, eso es imaginario. Algunas veces tenemos niños prematuros y sus padres viven etapas de duelo. Además, la guagua entra a un lugar con personas y máquinas que desconoce, entonces el shock de esos padres es una forma de duelo. Hace tres años empezamos a tratar de transformar esta situación y creamos la Escuela para Padres con el equipo de salud”, explica la Doctora.
- ¿Cómo fue el comienzo de su vida como médico?
Entré a la Universidad en 1954. En aquella época ingresaban 60 hombres y 6 mujeres a estudiar medicina, sólo podía ingresar el 10% de las mujeres, pero sabes ni siquiera se hablaba de discriminación, por el contrario nos sentíamos privilegiadas porque nos dejaran estudiar.
- ¿Qué siente hoy en esta fase de su vida, viendo todo lo que ha hecho y con este homenaje inesperado que recibió?
Siento una enorme satisfacción, lo he dicho muchas veces, he sido muy feliz trabajando como médico. Nos íbamos al colegio con mis hermanos cuando era chica y veíamos a un señor que tenía una nariz deforme y yo siempre quería hablarle para saber cómo ayudarle, pero mis hermanas no querían. Mi vocación siempre ha sido tratar de ayudar y he tenido la suerte de poder dedicarme al servicio público prácticamente en un 100 %, y eso se lo agradezco a la vida ya que he hecho lo que a mi me gusta. Hoy no quiero irme a mi casa y estoy muy agradecida de lo que mi profesión me ha dado, además hoy lo que más me gusta hacer es por lo que no me pagan. Yo no sabía que era un homenaje y me pidieron que fuera a hablar de duelo en una de mis tardes libres, y es donde he recibido una de mis mayores alegrías. Fue maravilloso e impresionante.
- ¿Qué le pareció el homenaje?
Fue una sorpresa enorme. La Dra. Mandiola me invitó a hacer una clase de duelo para 50 alumnos y me encontré con este homenaje inesperado, que creo es demasiado para lo que he hecho. Hoy estoy muy comprometida con el Dr. Hebel, porque es como un hijo mío. Cuando él llegó no había médicos residentes y él fue uno de los primeros. Cuando hacía su pasada por neonatología siempre me llamaba para contarme como estaba cada niño o para pedir ayuda, siempre fue un ejemplo, y hoy que me mencione como su modelo es algo que me hace meditar, pienso que hice lo que pude.
En el homenaje, la Dra. Lilian Fernández dijo, “ella ha dejado una huella profunda en enfermeras, matronas y médicos”. Por su parte, el Dr. Eduardo Hebel explicó, “cuando la conocí me impresionó su rigurosidad y estrictez pero con dulzura. Su preocupación por el paciente y una calidad humana enorme. Ella es ejemplo de la necesidad de humanizar la medicina y el respeto por el otro, por el que está al frente, por las minorías étnicas y por su trabajo en este momento tan duro que es el duelo”.
- ¿Siempre quiso ser pediatra?
Tuve otras posibilidades, me gustaba mucho la obstetricia, pero viví en una época distinta. Mis compañeros varones de Medicina que nos dominaban completamente me decían: ¿cómo se te ocurre que vas a ser obstetra? Siempre tendrás que estar lista para partir al parto y eso no es para una mujer. Tú eres para pediatra, tienes cara y actitudes de pediatra.
- ¿Qué es más importante en su vida como médico, la docencia de pregrado, la formación de nuevos pediatras, el trabajo con los padres, o el paciente?
En primer lugar, mi prioridad está en el enfermo y su familia. Eso es claro como el agua. No podría haber atendido a un niño sin preocuparme por sus padres. La formación de colegas en esta escuela empezó por mística y algunos médicos destacados que colocaron su brillantez y esfuerzo para crearla, yo puse muchos deseos para tener una Escuela de Medicina en Temuco. Hoy mirando hacia atrás me siento muy contenta por los médicos que he formado.
- ¿Cómo se da esa felicidad?
Cuando uno es atendido por alguno de los médicos que nosotros ayudamos en su formación es algo maravilloso y emocionante, estos chiquillos han devuelto con creces lo poco que pudimos hacer por ellos.
Uno de ellos atendió a mi marido recientemente y cuando le fue a agradecer, él le dijo, “mi maestro fue usted, no me agradezca nada”, yo sentí esa enorme satisfacción de estos chiquillos tan preocupados del enfermo en sí mismo. En Medicina probablemente algo habremos enseñado pero también hay otras cosas que forman a un médico.
Yo dejé la docencia cuando asumí la Dirección del Hospital Regional en 1995, me pareció correcto porque no eran labores compatibles por los tiempos. No podía ser Directora del Hospital y docente al mismo tiempo.
- ¿Y no pensó en volverla a retomar?
Cuando salí de la dirección estaba absolutamente agotada. Ahora no estoy arrepentida de ni decisión porque la docencia exige mucho tiempo. Ahora trabajo en la Asistencia al Duelo, en el Comité de Lactancia, la Escuela para Padres, muchas actividades que me ocupan lo que podría hacer como docente.
- ¿Cómo ha cambiado su trabajo como médico en el transcurso de su profesión?
Hoy estoy lejos de trabajar en una UCI. La ciencia y la tecnología me han dejado atrás, he privilegiado otros temas pero agradezco a los científicos por su trabajo, incluso no podría caminar ya que tengo una prótesis de cadera que me lo permite. Los cambios son enormes y hoy hay muchos colegas que lo hacen muy bien, sin olvidar la parte humana.
- ¿Considerando su visión que tiene del ser humano cómo se da este trabajo en el comité de duelo que es tan doloroso y dónde está enfrentada a diario con el sufrimiento, no es agotador sicológicamente?
No me resulta tan agotador, no sé explicar por qué, uno igual sufre junto a los padres que sufren. El dolor de ellos siempre será más profundo. Nosotros tenemos alrededor de mil niños al año en esta Unidad y de ellos mueren aproximadamente 50. Hoy tenemos 12 niños graves en la Unidad de Cuidados Intensivos, y converso con los padres y no me canso, digo ojalá los haya podido ayudar aunque siempre me quedo con la duda.
- ¿Cuántos años más pretende seguir trabajando?
Hasta que me echen, yo no me quiero ir, creo que todavía puedo seguir ayudando y mientras las autoridades hospitalarias y mi físico lo permitan seguiré. Me faltan tres años para completar los 50 años como médico y quiero completarlos trabajando. |