Publicado el 8 de octubre de 2009

Adictos a las dietas son más sensibles al estrés

Dietantes crónicos se denomina a las personas que permanentemente restringen su alimentación con alguna dieta, estos pacientes –en su mayoría mujeres- serían más vulnerables al estrés que el común de la gente, según un estudio realizado en la Universidad de La Frontera.

Cerca de nueve años estudiando a las personas que sufren de restricción alimentaria crónica lleva el Dr. en Psicobiología de la UFRO, Jaime Silva, quien recientemente se adjudicó un proyecto Fondecyt para continuar en esa línea.

El investigador explica que estos pacientes, también conocidos como dietantes crónicos, son aquellos que en forma permanente están preocupados de su peso y, por lo tanto, mantienen constantes dietas. Paradójicamente, explica el especialista, “estas personas también son las que frecuentemente sufren episodios de sobrealimentación, es decir, comen en exceso durante ciertas etapas, generalmente, cuando se enfrentan a situaciones de estrés”.

Diferente activación cerebral

En estudios anteriores, el Dr. Jaime Silva ha constatado que estos pacientes tienen una configuración cerebral que los hace más vulnerables a condiciones de estrés. “No es que su cerebro sea diferente, sino que su sistema de evitación motivacional es más activo, así como hay personas tienen más activa otras zonas cerebrales”, explica el académico del Departamento de Salud Mental de la UFRO.

“Este sistema cerebral es el que controla nuestras respuestas frente al estrés, la amenaza, el peligro y la novedad”, continúa el investigador, “entonces las personas que tienen más activa esta configuración son emocionalmente más sensibles y vulnerables a dichos estímulos, y si éstos son muy intensos o permanentes, se manifiesta en ellos la condición de restricción alimentaria, o por el contrario, la sobrealimentación, como una forma de controlar el tema emocional”, indica el especialista.

Estas personas trasladan en forma inconsciente las sensaciones negativas que provocan los estímulos como el estrés o la ansiedad, hacia una dieta, ya que es mucho más fácil controlar la alimentación que algunas situaciones de la vida, así se convierte al final en un problema crónico. “Si están estresadas por un problema X, probablemente comerán más, lo que redundará en una sensación de fracaso, la que a su vez se controlará con una dieta”, agrega.

No es un problema con la comida

Por décadas esta enfermedad, que afecta en su gran mayoría a mujeres -y que en sus extremos puede llegar a la bulimia o la anorexia-, ha sido tratada médicamente con dietas especiales, ya que la ciencia y la sociedad han asociado esta condición a una relación anormal de la paciente con la comida.

Sin embargo, advierte el investigador de la UFRO, “estos tratamientos no hacen más que perpetuar el problema, ya que las investigaciones actuales apuntan a la vulnerabilidad emocional de las pacientes como causa de la enfermedad, siendo la comida sólo una manifestación de la misma, tal como podría expresarse en compras compulsivas, uso de drogas, abuso de alcohol, etc.”

La solución entonces es un tratamiento que se focalice en dicha vulnerabilidad, indica el investigador, quien también ejecuta una línea de trabajo que apunta, por un lado, a que la paciente comprenda el mecanismo cerebral que se produce con el estrés, y por otro,  desarrolle estrategias para enfrentar los problemas que desatan esta activación cerebral.

Alta Prevalencia

La restricción alimentaria es un tema relevante considerando que existe una alta prevalencia en el país. Según un estudio realizado por el mismo Dr. Silva en las ciudades de Antofagasta, Santiago, Concepción, Temuco y Valdivia, se encontró que el 40% de la población estudiada (mujeres universitarias) presentaba el problema, es decir, son dietantes crónicas en algún grado.

Es más común que dicha condición se presente en mujeres debido a que este grupo suele vincular la buena apariencia con la delgadez, sin embargo, advierte el especialista, “cada vez es más frecuente percibir esta asociación en hombres”.  Por otro lado, la edad en que se puede manifestar esta enfermedad es variable, pero generalmente ocurre en la adolescencia temprana.

Teorías contrapuestas

En forma paralela, y a través de su nuevo proyecto Fondecyt, el Dr. Silva comparará su teoría de configuración cerebral asociado a la activación del sistema de evitación motivacional por estrés, frente a la antigua teoría que vincula la enfermedad a un problema con la comida. “La literatura científica que liga el tema a la alimentación, ha desarrollado un modelo prevalente que plantea que las personas con obesidad tienen el sistema cerebral de recompensa más activo. Este sistema es el que actúa para favorecer nuestro acercamiento a los estímulos positivos, lo que en caso de estar alterado provocaría menos capacidad de controlar las ansias de comer cuando vemos alimentos. Dado que el ambiente está saturado de publicidad relacionada a diversos productos alimenticios, entonces la posibilidad de sobrealimentarse en estas personas es muy alta”.

Esto es una realidad para un pequeño porcentaje de pacientes, aproximadamente un 10%, “ya que alrededor de un 40% ó 50% estaría asociado a su teoría de sensibilidad al estrés y, por lo tanto, activación del sistema de evitación”, postula el investigador, quien con este estudio  posiciona a la UFRO a la vanguardia en Chile y Latinoamérica en materia de restricción alimentaria crónica.