Resistencia antibiótica: un problema sanitario real, silencioso y en aumento

 

Columna de académico del Departamento de Ciencias Preclínicas Dr. Cristian Aguilera Rossi

En 1928 Alexander Fleming descubre la penicilina, pero sólo a partir del año 1945 este antibiótico es liberado a la comunidad para su uso en clínica, revolucionando la práctica médica al lograr enfrentar exitosamente numerosas enfermedades infecciosas que hasta ese momento generaban una altísima mortalidad. A pesar de la poca distancia con esta fecha, el gran uso y particularmente el sobreuso que se ha hecho de los antibióticos en las últimas décadas ha seleccionado una de las amenazas sanitarias más importantes para la humanidad, de alcance global y que compromete peligrosamente lo logrado hasta ahora en salud, me refiero con esto a la resistencia bacteriana a los antibióticos.

¿Qué es la resistencia antibiótica? ¿Cómo se genera?

La resistencia antibiótica corresponde al proceso biológico natural e inevitable, donde parte de una población bacteriana originalmente susceptible a los antibióticos, en presencia de éstos, logra adaptarse y resistir una determinada concentración, lo que se vincula en salud a una mayor probabilidad de fracaso terapéutico, persistencia del proceso infeccioso, mayores tasas de mortalidad y riesgo de diseminación de este problema entre las personas.

La resistencia antibiótica ocurre por mutaciones en genes ya existentes o por la adquisición de genes que codifican resistencia desde otra bacteria resistente, siendo esta última la estrategia que predomina en nuestros hospitales y centros asistenciales, donde procedimientos invasivos, la cercanía entre pacientes y la aplicación de terapia empírica, facilitan y promueven el desarrollo de esta condición. A nivel comunitario, los niveles de resistencia son bastante menores a los descritos en los hospitales, pero malas prácticas como la automedicación, pueden rápidamente modificar este escenario.

¿Cuál es su impacto en la salud y en la vida de las personas? ¿Por qué se ha transformado en un problema global?

Hoy por hoy, la resistencia antimicrobiana y particularmente la antibiótica, se constituye como un problema sanitario tremendamente complejo, con una mortalidad que en 2019 fue de 1.270.000 defunciones atribuibles a esta causa, una cifra que podría incrementarse hasta 10 veces según las proyecciones que se han realizado para el año 2050.

De mantenerse el incremento en la resistencia bacteriana, otros aspectos como la economía interna de cada país, los costos sanitarios e incluso la producción de alimentos también serán afectados. La situación se vuelve mucho más preocupante, al ser testigos del estancamiento en la generación de nuevos antibióticos y el escaso interés de la industria farmacéutica y de los Estados por participar mancomunadamente en este desarrollo.

Es muy importante precisar que la resistencia frente a los antibióticos ha dejado de ser un tema que afecte exclusivamente a las personas al interior de los hospitales, ya que este problema también se manifiesta y de manera mucho más dramática en medicina animal, en producción agrícola y en la industria alimentaria, donde prácticas preventivas y terapéuticas incorporan un altísimo uso de antibióticos, comprometiendo con esto a la salud medioambiental.

¿De qué manera es posible enfrentarla? ¿Quiénes pueden ayudar en su contención?

Una de las escasas noticias positivas en resistencia, es que la preocupación se ha trasladado desde el terreno científico y educativo al político, con organismos internacionales como la ONU (Naciones Unidas), la OMS (Organización Mundial de la Salud), la OIE (Organización Mundial de Sanidad Animal) y la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), que han presionado para que finalmente cada país desarrolle sus propios planes de acción frente a la resistencia antibiótica, considerando la situación en salud humana, animal y ambiental. Chile ha cumplido con la creación e implementación de un Plan de Acción Nacional para manejar la resistencia a los antibióticos que en 2021 ha iniciado su segunda versión (período 2021-2025), y cuyos esfuerzos se concentran en mejorar la comprensión pública sobre este tema, realizar vigilancia integrada, reducir la incidencia de infecciones en salud humana, sanidad animal e inocuidad alimentaria, seguir controlando el uso de los antibióticos, y mejorar el acceso a la información fomentando la investigación científica en este tema.

En hospitales, clínicas y consultorios chilenos, se reconoce y controla desde hace bastante tiempo la resistencia a los antibióticos, y cada vez existe mayor preparación y conciencia para su adecuada contención y reducción, sin embargo, fuera del ambiente hospitalario, poco o nada se conoce del tema y, a pesar de existir una ley que prohíbe la venta de antibióticos sin receta en nuestro país, la automedicación aparece como una práctica recurrente en nuestra sociedad al momento de enfrentar una enfermedad infecciosa, por lo tanto, se necesita educar al respecto, dar a conocer este problema y fomentar prácticas responsables en el uso de los antibióticos, que permitan prolongar su eficacia y disminuir las posibilidades de resistencia.

Todos podemos generar y ser parte de un proceso de contención de la resistencia a los antibióticos en nuestro entorno más cercano, con un impacto muy significativo y a través de acciones de autocuidado muy simples y concretas, como tomar antibióticos sólo cuando un profesional de la salud se los recete, finalizar siempre un tratamiento antibiótico, no utilizar antibióticos que han sobrado o han estado almacenados por mucho tiempo, nunca compartir sus antibióticos, nunca comprar antibióticos en lugares no establecidos o a través de internet, prevenir infecciones mediante un buen lavado de manos y de los alimentos, mantener vacunaciones al día y jamás exigir o solicitar antibióticos para el tratamiento de una infección viral. Estas medidas deben ser aplicadas ahora, en este momento, porque no queda mucho tiempo, ya que la velocidad de la resistencia a los antibióticos ha superado a la del desarrollo de nuevos fármacos, y no se exagera al indicar que de no hacer nada, el problema puede convertirse en la mayor epidemia de los próximos años.

Quienes formamos a profesionales del área clínica tenemos el deber de dar a conocer esta situación e instruir al respecto, por este motivo y a propósito de la celebración de una nueva Semana Mundial de Concienciación sobre el Uso de Antimicrobianos (18-24 de noviembre de 2022), el llamado es a conversar y profundizar sobre este tema, a  entenderlo como un problema multidimensional y hacer eco del lema de esta campaña “Prevengamos juntos la resistencia a los antimicrobianos”, ya que pone el énfasis en esta colaboración comunitaria e intersectorial tan necesaria para reducir la aparición y propagación de patógenos farmacorresistentes.  

Para más información se sugiere visitar el siguiente enlace:

https://www.paho.org/es/campanas/semana-mundial-concientizacion-sobre-uso-antimicrobianos-2022 

Dr. Cristian G. Aguilera Rossi
Unidad de Microbiología Clínica
Departamento de Ciencias Preclínicas

Facultad de Medicina

Universidad de La Frontera

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